Arte primitivo y DIOS

«La que camina delante de todos abre la senda hacia la luz» .Primera poeta conocida >Enheduanna. Poema sumerio >> ( III Milenio a.C)

Carl Jung y Mircea Eliade coinciden en que los ritos artísticos primitivos no eran entretenimiento: eran formas de mantener el mundo en equilibrio. Pintar, cantar, danzar era mantener viva la conexión entre lo humano y lo invisible.

Antes de que existieran religiones organizadas, templos, dioses personificados o mitos estructurados, los seres humanos ya creaban imágenes. No eran simples decoraciones, eran puentes para conectar con algo más grande que ellos.

El arte primitivo nace del misterio de la vida. En las cuevas del Paleolítico -Altamira, Lascaux, Chauvet, los humanos pintaban animales gigantes, manos, símbolos geométricos, espirales. Estas imágenes y símbolos eran arquetipos que expresaban la fuerza misteriosa de la naturaleza y el poder creador. Las propias cuevas hacían de templos como si de úteros se trataran, oscuros, profundos, silenciosos y el fuego como única luz para la contemplación.

Los primeros chamanes fueron los primeros artistas de la historia de la humanidad, entraban en trance, y pintaban lo que veían en sus visiones. Eran intercesores, traductores del misterio, visionarios. Creaban imágenes para llamar a los espíritus, para materializar fuerzas, o para transformar las energías. El acto creativo era en sí un rito. El arte era una magia donde «yo dibujo lo que deseo atraer o comprender».

Antes del pincel estuvo el gesto: danzas alrededor del fuego, ritmos con piedras, marcas en la piel, máscaras…..El cuerpo era el primer instrumento para entrar en lo sagrado a través de un estado alterado de consciencia. La creatividad era espiritualidad encarnada.

Lo divino no era un dios, era la fuerza de la vida. A veces era la fuerza animal, a veces la energía del bosque o el misterio de la muerte, a veces el cielo, la luna o la noche. Lo divino era lo que no se podía explicar pero se podía sentir. El arte se vivía como un deber cósmico.

El simbolismo femenino fue uno de los más venerados como primeras figuras escultóricas, como la Venus de Willendorf, que representaba la potencia de la creación y lo divino. Se rendía culto no a una diosa, sino al «principio creador». El cuerpo femenino era la metáfora más perfecta de Dios: misteriosa, fértil, generosa e indomable.

También el arte era canal para volver al origen. El arte y la espiritualidad quedaron unidos desde aquel entonces y cada vez que alguien crea, repite ese gesto ancestral en busca de respuestas y de guía, aunque sea inconscientemente. Se trata de entrar en uno mismo, bajar al «interior de la cueva», tocar algo invisible y traerlo a la materia.

El artista sigue siendo un chamán moderno que baja el inconsciente y lo transforma en símbolo. Por eso el arte tiene el poder de sanación porque restaura el contacto con el Origen.

Yo canto para que el mundo no caiga, yo canto para que los espíritus recuerden su nombre. Texto chamánico de Siberia